Mucho antes de que existiera el licor, existió el grano. En los mercados de Mesoamérica el cacao no solo se bebía: se contaba, se guardaba y se pagaba con él. Los mexicas lo recibían como tributo de regiones como el Soconusco y lo contaban por xiquipilli, bolsas de ocho mil granos.
Con la llegada de los españoles, el real de plata y el grano de cacao circularon juntos en Nueva España durante siglos, y se cambiaban uno por otro. La plata pesaba más; el cacao, además, se podía beber: espumoso, sin azúcar, con chile, flores o maíz.
MONEDA CACAO nace de esa doble herencia. Un licor de cacao pensado para la barra y para la sobremesa, que busca conservar lo que los conocedores aprecian en el grano: su amargor franco, su aroma profundo y la memoria de algo que alguna vez fue moneda.